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LOS PROCESOS EDUCATIVOS DESDE UNA PERSPECTIVA TEMPORAL

Los gobiernos, generalmente urgidos por la necesidad de responder a sumas de demandas, al mismo tiempo que acicateados por el imperativo de dejar algún nombre inscrito en la Historia, tienden a estructurar sus agendas alrededor de aquellas urgencias que poseen rentabilidad social y réditos políticos más visibles.

En el caso de la educación sin embargo, los procesos de transformación polìtica e institucional, ponen en movimiento complejas estructuras y densos sistemas de funcionamiento acompañados de culturas organizacionales trabadas por el moho de la costumbre y la herrumbe de las tradiciones instaladas, y para las cuales los "efectos de pantalla" (publicitarios e impactantes en lo inmediato) pueden ser distorsionadores cuando no perjudiciales.

Sucede que en esta materia, el tempo de los procesos educacionales no tiene mucho que ver con el tempo de los procesos políticos.

¿Cuál es el concepto aquí?

Que es necesario asumir que los procesos educativos, cuando son analizados e implementados como conceptos integrales en su secuencialidad, obedecen a dinámicas temporales situadas en el largo plazo.   No es posible ejecutar reformas educacionales, pensando en los resultados del próximo año e incluso, la secuencia de transformaciones ha de obeceder a un ritmo en el que el concepto de maduración ocupa un lugar central.   Las transformaciones educacionales solo permiten un análisis crítico, cuando se adopta una perspectiva del largo plazo.

Lo contrario es lo que ha ocurrido en los recientes decenios en nuestra sociedad.  ¿Cuántas reformas educacionales hemos visto desplegándose en Chile desde mediados del siglo XX, por ejemplo?

Eduardo Frei Montalva (1964-1970) dió inicio a una reforma educacional en 1965.  El Gobierno de Salvador Allende comenzó con la Escuela Nacional Unificada, otra reforma educacional (1971-1973), interrumplida bruscamente.  El régimen militar (1973-1990), para no ser menos y con ese depredador ánimo fundacional de que estaba imbuído en sus inicios, dio comienzo otra reforma educacional en 1975.  El Gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), por su parte, comenzó una nueva reforma educacional y a poco andar del Gobierno de Michelle Bachelet, se anuncia una nueva revolución educacional.

Es decir, cuatro reformas en cincuenta años, a un promedio (matemático) de una reforma cada 12 años.  ¿

Y cuanto duran los procesos educativos?  Podemos hacer una suma inicial:  ocho años de enseñanza básica, cuatro años de enseñansa secundaria, cinco años de educación superior de pregrado, más otros 4 ó 5 años de educación superior de postgrado, nos da, siempre matemáticamente, a lo menos 20 a 21 años de proceso educacional.  ¿Qué viabilidad puede tener en el mediano y largo plazo un proceso educativo cuya maduración es interrumpida gloriosa y alegremente por cada sucesivo gobierno? 

Lo que nadie dice es que todavía estamos observando los efectos educacionales, culturales y psico-sociales de la Reforma Educacional de Frei Montalva, a los que se superponen la reforma aplicada por la dictadura y los cambios estructurales intentados desde el gobierno de Frei Ruiz Tagle, de donde resulta una caótica mescolanza de criterios, procedimientos, instituciones, reglamentaciones, orientaciones, programas, contenidos y criterios de evaluación, que es precisamente a lo que asistimos hoy.

En educación los tiempos educativos y pedagógicos no son nunca como los tiempos políticos.  Poseen una dinámica temporal mucho más lenta y acompasada que implica cambios culturales de largo aliento y de lenta maduración.  esto significaría que para que podamos observar en su plenitud los efectos de una reforma educacional como la iniciada durante Frei Ruiz Tagle, deberemos examinar las generaciones de estudiantes que egresen de la Universidad o de los institutos profesionales, por lo menos hacia el 2012 ó el 2014, por lo que analizar sus resultados en el corto plazo de cada mes, cada semestre o cada año, no nos da un rango suficiente de tiempo como para percibir comparativamente los cambios que dichas reformas han suscitado.

Lo contrario, es improvisar ahora, a partir de las improvisaciones anteriormente acumuladas, de donde resulta un caos.

 

 

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