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ESCENARIOS POLITICOS EN AMERICA LATINA:¿UNA OLEADA DE POPULISMOS?   

Minuta Nº 10 para el Taller de Análisis Político  

Manuel Luis Rodríguez U.   

Las izquierdas latinoamericanas, bajo las formas más diversas y los proyectos más variados parece intentar remodelar de arriba abajo el escenario político latinoamericano.  Todos llegados al poder por la vía electoral, ganando escrutinios a pesar de la oposición interna y externa, el fenómeno de los nuevos gobernantes de tendencia popular, populista, socialdemócrata o de izquierda, está lejos de haber llegado a su punto culminante.   Entre diciembre del 2005 y diciembre del 2006 habrán 17 elecciones en América Latina y una simple observación del calendario electoral venidero, permite augurar que una tendencia se manifiesta a escala continental. Una tendencia social-demócrata o popular se inscribe ya en el poder en Brasil, Argentina y Venezuela, y hay que anotar recientes victorias de este mismo signo en Uruguay (Tabaré Vásquez), en Peru en primera vuelta (Ollanta Humala), en Costa Rica, en Haití, en Chile (Michelle Bachelet) y en Bolivia (Evo Morales).   Las elecciones próximas nos van a indicar si se trata de una tendencia dominante o solo de situaciones aisladas según las realidades de cada país.  Habrá elecciones en República Dominicana el 16 de mayo, en Colombia el 28 de mayo, en México el 2 de julio, en Brasil el 1º de octubre (donde Luis Inacio Lula compite con el centrista José Serra), en Ecuador el 15 de octubre (donde el socialista León Roldós encabeza las preferencias), en Nicaragua el 27 de noviembre (donde se perfila nuevamente Daniel Ortega del Frente Sandinista) y en Venezuela en diciembre. Si la candidatura izquierdista en México,  Andrés Manuel López Obrador (del PRD), logra vencer al partido (P.A.N.) de Vicente Fox en las próximas elecciones del 2 de julio, las izquierdas de este continente gobernarán sobre las cuatro-quintas partes de la población latinoamericana.  Pero, ¿es una misma izquierda? ¿es una misma social-democracia popular o populista?   Nada más lejos de la realidad.  Del mismo modo como se ha dicho que no existe una América Latina sino 25 Américas Latinas distintas, diversas, también hay que reconocer que hay tantas izquierdas, socialdemocracias y populismos como países y diversidades en el continente. Algo en común los une, sin embargo: el despliegue político e intelectual de una crítica más o menos radical al sistema económico neo-liberal implantado desde la década de los setenta, en nombre de sus desastrosos resultados en materia de desigualdad social y distribución inequitativa de los beneficios del crecimiento y no obstante los evidentes éxitos macro-económicos, y el planteamiento de la necesidad de contar con un Estado económicamente más protagónico, ahora despojado de sus herramientas intervencionistas del pasado, para que desempeñe un rol activo y regulador de las fuerzas  ciegas del mercado. La crítica que atraviesa a la totalidad de los proyectos políticos neo-izquierdistas en América latina, sin embargo, apunta a lo esencial del llamado “modelo neo-liberal”: está estructurado sobre la base de una desigualdad de orígen y sus resultados al cabo de treinta años de ejercicio neo-liberal no han sido beneficiosos para las mayorías de trabajadores, clases medias, poblaciones indígenas y sectores urbanos y rurales marginales.  ¿Es esto cierto? La diferencia fundamental de todas las propuestas de las izquierdas latinoamericanas llegadas al poder recientemente, es que una vez instaladas en el ejercicio real del poder (están los casos de Brasil y Argentina), no alcanzan a desmantelar los mecanismos esenciales y estructurales  del neo-liberalismo económico, sino solamente a introducir modificaciones parciales, reformas sociales y matices. Si bien hoy los países de América Latina y el Caribe, cuentan, en general, con regímenes democráticos, estos son frágiles, salvo contadas excepciones, y dado que muchos de ellos no han cumplido con las expectativas de la población, que busca la satisfacción de sus necesidades más elementales, con frecuencia han sido removidos por una presión social anómica. En este sentido, la clásica ecuación “desarrollo–democracia” parece más revelante que nunca, en el entendido de que no es factible pedirle a millones de latinoamericanos que apoyen a regímenes político-económicos que resultan incapaces de revertir la pobreza, la desigualdad y el malestar social. Este particular escenario político tiene lugar en un momento en que se manifiesta un contexto económico relativamente favorable.  El Informe Preliminar de la Economía de América Latina y el Caribe, de CEPAL, para el 2005 proyecta: Para el próximo año se proyecta una prolongación de la fase expansiva del ciclo económico, aunque a una tasa algo inferior (4,1%). Si estas proyecciones se confirman, la tasa de crecimiento medio del período 2003-2006 será levemente superior al 4%, mientras el PIB per cápita habrá acumulado un aumento cercano al 11%. Desde una perspectiva histórica, el período de crecimiento que atraviesa América Latina y el Caribe constituye un hecho sumamente positivo. Sin embargo, la mayor parte de los países de la región está creciendo menos que otras regiones del mundo, en algunos casos incluso menos que los países desarrollados.”  Y agrega: “En el 2006, se prevé que la región vuelva a crecer a una tasa similar aunque ligeramente más baja que la de este año. Como ya se ha dicho, el crecimiento proyectado de la región es de un 4,1%, lo que se traduciría en un aumento de alrededor de un 2,5% del PIB per cápita. Se prevé que la tasa de inflación de la región se mantenga estable, en el mismo nivel del 2005, en torno al 6%.”Aún así, el sistema ha producido como resultados sociales, una crónica situación de pobreza y marginalidad que abarca a alrededor de un 40% de la población latinoamericana, con las debidas diferencias nacionales. Punta Arenas – Magallanes, abril de 2006. 

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