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LAS DEMANDAS ESTUDIANTILES

 

Los estudiantes secundarios, movidos por motivaciones mucho más profundas y complejas que lo que dejan aparecer las imagenes televisivas de manifestaciones algo violentas, están en pleno proceso de movilización en casi todo el país.   Movilizaciones que pueden resultar inéditas si se hace un recuento noticioso de los últimos quince años, pero que no deberían extrañarnos porque todo lo que están haciendo a mediados del 2006 es reclamar que el gobierno actual cumpla lo que prometió el gobierno pasado, en mayo de 2005.   Es decir, el gobierno de Michelle Bachelet tiene que resolver con sus propios medios, la mochila con una bomba social de tiempo que le dejó sin cumplir el gobierno de Ricardo Lagos en materia de demandas estudiantiles. 

Si durante mucho tiempo se argumentaba que los jóvenes en Chile habían manifestado una actitud apática e indiferente frente a los problemas sociales y políticos, es hora de que se vaya corrigiendo esa percepción, porque parece surgir una marea de estudiantes entre 14 y 18 años de edad, con una nueva conciencia política de los problemas sociales.   Los jóvenes que vemos en las calles en estos días protestando y en las tomas de liceos, son portadores de demandas claramente políticas: se oponen a su manera a un sistema educacional que se basa en la lógica de la mercantilización, educación que es a su vez, un reflejo -en la superestructura, como se diría en el lenguaje marxiano clásico- de las condiciones económicas de base que configuran este modo de desarrollo hoy dominante.

El capitalismo triunfante de los años ochenta, creo y dio forma a un sistema educacional acorde con los criterios de mercado que el sistema económico necesitaba y lo que los jóvenes recusan hoy es precisamente esa lógica mercantilista y economicista que preside el funcionamiento de sus liceos y colegios.   Creyeron posible producir una generación de jóvenes adocenados, estupidizados, brutalizados por la televisión alienante y los recursos a la droga y al deporte, con tal de alejarlos de las preocupaciones políticas y sociales y el resultado ha venido a ser una nueva generación -llamémosle la generación siguiente- de jóvenes y sobre todo estudiantes que han tomado conciencia del lugar subordinado que les tiene reservado el sistema neoliberal de dominación al cual vienen ingresando.

Asistimos hoy a nuestro propio y nuevo Mayo del 68 chileno, aunque con más de treinta años de retardo...

Los estudiantes reclaman contra la Ley Orgánica Constitucional de Educación, que es el marco jurídico que consagra un sistema educacional asimétrico, mercantil y de geometría variable: una educación privada, costosa y de buena calidad para los hijos de la clase alta y la clase media acomodada y una educación municipalizada, barata y de mala calidad para los hijos de las clases subordinadas.

Los estudiantes protestan por una correcta y bien organizada Jornada Escolar Completa, otra herencia mal gestada del gobierno anterior.

Los estudiantes critican el concepto y la forma de la municipalización de la educación, y ello debe ser comprendido como un ataque frontal a una de las estructuras fundamentales del modelo educacional implantado por el régimen militar y administrado por los gobiernos concertacionistas.  La demanda de gratuidad de la PSU y del pase escolar, dice relación con los escasos recursos de que disponen los bolsillos familiares, lo que en cierto modo viene a contradecir flagrantemente, las exitosas cifras macroeconómicas que luce Chile a nivel internacional.

Por otra parte, tiene derecho uno a preguntarse ¿cuánto debieron pagar los señores Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet por sus respectivas carreras educacionales y universitarias?   ¿En qué colegios o liceos estudiaron ellos cuando fueron estudiantes secundarios? 

Los estudiantes de hoy se han echado a andar, como dice el famoso texto, y esto será para largo.

 

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